EN EL CÌRCULO DE LUZ

 


EN EL CÍRCULO DE LUZ

 

La tarde fue cayendo entre mis manos

y diluyó la herida,

mientras un pájaro sepia

se acomodó en mis dedos

como presagio de vuelo

abriendo el horizonte.

 

Me descubrí contigo y con la piedra,

con la vida que vibra y con la seca cal,

me descubrí y éramos fuente y principio,

la balsa que recorrió todas las costas.

 

Sentí que las millas se aferraron a mí

y un sudor helado nacía desde mis poros

volando hacia la nada.

Entonces fui noche

en el círculo recurrente de la luz.

 

Nacía otra yo: la sumisa,

la mujer que buscaba el amor

como fin último, murió,

y la herida, profunda,

cóncava como mi vientre,

fue flor roja en mis manos,

fue cala en mis manos,

fue mujer que en su fragilidad

 

encontró la fuerza.

 

Mis ojos ya no eran mis ojos,

miré la montaña

e imaginé una llanura de voces

abiertas a escucharme,

mientras un canto místico y profundo

crecía liberando mi piel.

 

Cayó el velo de la esclavitud de los ancestros,

la libertad vibraba y éramos nosotras

descubriendo el mar en nuestros ojos,

un mar sin cadenas, una esfera libre de esperas.

 

Ya no esperaba nada, porque todo lo tenía:

habían muerto las heridas,

y yo era sujeto, ya no más objeto,

ya no más un camino hacia la nada.


Isabel Cristina Arroyo Calvo.

Derechos de autor.

Comentarios

Publicar un comentario